Las mujeres y la cerveza, un papel fundamental

¿Nos creerías si te dijésemos que la cerveza es un invento de la mujer y que durante muchos siglos fueron ellas las únicas encargadas de crearla, producirla y comercializarla?

Sí, así es. En todo inicio hay una mujer y, en el caso de la cerveza, ¡también! Aprovechamos que se acerca el Día Internacional de la Mujer para hacer un pequeño repaso por los hitos más importantes y algunos datos que quizá no conozcas sobre esta historia que dura hasta nuestros días. ¿Preparad@s?

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Los inicios de la cerveza

Mesopotamia y Sumeria, hace más de 7.000 años. Las mujeres cerveceras, que recibían el nombre de “Sabtiem”, eras las únicas que podían llevar a cabo la creación y comercialización de la cerveza. Una cerveza baja en alcohol que se utilizaba principalmente en las ceremonias religiosas y como parte de la alimentación diaria. ¿Sabías que además tenían hasta sus propias diosas? Ninkasi y Siries eran las encargadas de observar diariamente el ritual de elaboración.

En algunas civilizaciones antiguas como Perú o Grecia, la cerveza era considerada una bebida únicamente de mujeres. En el primer caso estaba destinada a la nobleza y, en el segundo, al consumo de todas las clases.

La invención de las pajitas se la debemos a las mujeres egipcias tal y como puede observarse en sus jeroglíficos. Un instrumento que, en un primer momento, se utilizaba para perforar gruesas capas de espuma que flotaban sobre el producto.

Comunidades nórdicas: Los vikingos

Las mujeres vikingas estaban protegidas por ley y su destino era convertirse en maestras cerveceras. Todos los materiales necesarios para la elaboración de la cerveza eran de su propiedad y se castigaba severamente a quien los utilizase sin su permiso.

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Inglaterra y la Edad Media

¿Sabías que cuando un ama de casa tenía cerveza extra para vender se colocaba un palo largo sobre la puerta principal o en la carretera? La mayoría de las veces se adornaba con una guirnalda de lúpulo.

En Inglaterra las mujeres producían de manera artesanal cerveza de tipo Ale, lo que suponía un valioso ingreso y sustento económico para las familias de la época.

Rápidamente acabó convirtiéndose en un elemento fundamental de la dieta inglesa. Prueba de ello es que la propia realeza (con Elizabeth I a la cabeza) la consumían con asiduidad.

Con la llegada de la Revolución Industrial y las nuevas formas de producción, los métodos femeninos de fermentación y elaboración de este producto comenzaron a quedarse obsoletos y, finalmente, se olvidaron. En el año 1700 ya no quedarían mujeres en Europa que produjesen cerveza.

Descubriendo un nuevo mundo

Pero las mujeres nunca se rindieron y, en la época colonial, vivieron un nuevo renacer.

¿Sabías que durante esta época en América los hombres construían fábricas de cerveza para sus mujeres? Las mujeres casadas recuperaron las costumbres europeas y comenzaron a elaborar “small beer” como medio de sustento para sus familias.

Sin embargo, y a medida que las colonias fueron urbanizándose y comenzó a involucrarse el dinero (manejado por los hombres), la producción de cerveza volvió a convertirse, una vez más, en una actividad masculina.

A través de todos estos momentos históricos hemos podido ver cómo la mujer ha estado ligada con la cerveza y cómo su contribución la ha convertido en lo que es hoy.

Por todo esto hoy os proponemos celebrar el Día Internacional de la Mujer brindando con una cerveza. ¡Salud!

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Un viaje al renacimiento de la cerveza en España

Monasterio de Yuste

Aunque la cerveza nos ha acompañado en esta piel de toro desde tiempo inmemorial, como pudimos ver en la anterior entrada, el renacer de esta bebida en nuestro país está unida a la figura de Carlos I de España (y V de Alemania) y al monasterio de Yuste lugar al que hoy os proponemos viajar desde este blog.

Carlos I, de origen flamenco pero destinado a ser rey de España y emperador, era un gran aficionado a la cerveza, al igual que toda su corte de dignatarios y caballeros traídos de Flandes lo que hizo que la cerveza se convirtiese en una bebida apreciada entre los círculos de poder en el reino más poderoso de su época.

 

Un apetito imperial

Como consumidor de cerveza, a Carlos el “quinto” se le quedaba muy corto… Su sed y su apetito eran tan inmensos como su imperio. Desde luego, no representaba un ejemplo de moderación y consumo responsable, como atestigua Agustín García Simón en su libro “El ocaso del Emperador”:


En el comer ha sido siempre voraz y caprichoso, tan exigente como intemperante. Le Foto de una cerveza de abadía bien tiradaplacen, sobre todo, las empanadas de anguila, que engulle con presura infantil, ingiriéndolas hasta el hartazgo y la indigestión peligrosa. Le seducen las ostras crudas. Le gustan los lenguados, las platijas, las lampreas que le pescan en Sevilla y Portugal […]

Pese a su estado salud, no se priva de guisos salados y muy especiados, bebe ingentes cantidades de cerveza y a los postres le gusta toda clase de golosinas, confituras y melcochas. Luis Quijada da la voz de alarma a Valladolid por este desmán en la comida, recordando a la Corte que encabeza la hija del Emperador que “La gota se cura tapando la boca”, contrapunto de una realidad que no hace otra cosa que incitar el desmesurado apetito de Carlos V. 

¡Menos mal que de Carlos I hemos heredado el gusto por esta bebida pero no su ‘apetito imperial’ y hoy disfrutamos de la cerveza dentro de nuestra dieta mediterránea!

La importancia de Yuste en la historia de la cerveza en España

Cuando harto y cansado del mundo, Carlos abdica en favor de su hijo Felipe II, se retira al Monasterio de Yuste allí piensa: “¿Qué mejor lugar que una abadía para elaborar cerveza?”. Sus deseos eran órdenes, de manera que hizo instalar una pequeña cervecera dirigida por su cervecero personal, al que desde entonces no le faltó trabajo… Eso significó el principio de una elaboración más cuidada y uniforme del producto, y aunque por el carácter vitivinícola de la España de entonces, la cerveza seguía estando limitada a los círculos nobiliarios, es indudable que se marcó un punto de inflexión en el crecimiento de la afición por la cerveza en nuestro país, hasta el punto de que a finales del s XVI, ya existían varios maestros cerveceros que instalaron las primeras cerveceras, en Madrid y Santander, y se estipulaba que  la bebida debía contener “trigo, cebada, lúpulo, que son los materiales que con ella se hace…”

Aún hoy, esta comarca tiene ecos de la elaboración de aquellas cervezas de abadía elaboradas por los monjes, como podemos ver en esta cata con los protagonistas de “Un país para comérselo”.

El monasterio de Yuste

Yuste es el monasterio y casa palacio en el que se alojó y murió Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico tras su abdicación. Se encuentra cerca de la población de Cuacos de Yuste, en la comarca de La Vera, al noreste de la provincia de Cáceres. El convento actual se reconstruyó sobre las ruinas del viejo monasterio que sirvió de residencia al emperador en los dos últimos años de su vida (1556–1558). Fue declarado en 2007 como Patrimonio europeo.

Cuacos y la comarca de La Vera

Desde luego, Carlos I sabía lo que hacía cuando escogió el enclave de su retiro. El monasterio de Yuste se halla en la comarca de la Vera, un paraje en el que la armonía entre la naturaleza, marcada por el agua, y los diferentes núcleos de población, con una arquitectura muy característica, configuran un entorno muy especial.

Un paseo por La Vera podría empezar por Jarandilla de la Vera, para seguir por Villanueva de la Vera, declarada conjunto artístico de interés nacional, disfrutando el entorno de la Sierra de Gredos. Valverde de la Vera, Losar de la Vera y por fin Cuacos de Yuste, y el monasterio, son los hitos de un recorrido que os recomendamos hacer con calma, saboreando cada retazo de historia… y una cerveza de vez en cuando, en recuerdo del emperador más cervecero que se recuerda.