La cerveza y los deportistas de élite

Brindis

En diversas ocasiones hemos hablado de las propiedades de la cerveza y de su compatibilidad con una vida saludable y la dieta mediterránea.

Ya conocemos el poder hidratante que tiene  gracias al alto porcentaje de agua en su composición, que la convierte en una bebida a tener en cuenta para los deportistas después de hacer ejercicio.

Estos beneficios van más allá cuando hablamos de los deportistas de élite puesto que no sólo se aplican al cuerpo, sino también a la mente.

Los deportistas de élite

Deportista de éliteLa visión que tenemos de un deportista de élite es la de una persona que se dedica profesionalmente al deporte, pero no debemos olvidar a todas las personas para las que el ejercicio va más allá de un entretenimiento y pasa a ser una forma de vida,  gente que no perdona su entrenamiento diario, llueva truene o haga frío, gente que se siente deportista aunque en su tarjeta ponga “Administrativo”, “Informático” o “Supervisora”.

La vida de los deportistas de élite gira en torno a una rutina de ejercicio que implica una dedicación de tiempo importante y una dieta cuidada y rigurosa. Esto, sin embargo, no significa que vivan en una burbuja y prescindan de la vida social y el ocio.

Es en este punto cuando los deportistas pueden verse limitados debido a su estilo de vida, sobretodo, en cuanto a ocio gastronómico se refiere.

La cerveza, la mejor recompensa

También para los deportistas de élite como corrobora Juan Antonio Corbalán, ex-jugador de baloncesto y especialista en medicina deportiva:

Es compatible tener una vida sana y un alto rendimiento deportivo con un consumo responsable de cerveza. Ingerida de forma moderada puede tener propiedades hidratantes y no perjudica la salud

La cultura española tiene como un importante elemento socializador el “tapeo”. Las propiedades de la cerveza, consumida con moderación, hacen que sea apta para los deportistas de élite haciendo que puedan participar de una actividad social tan típica como irse de cañas. Este sencillo acto tiene consecuencias muy positivas en el  estado anímico de estos  deportistas que logran a través de este momento cotidiano y relajado aportar un punto de “normalidad” en su estricto modo de vida.

Todo esto se transforma asimismo en un mayor rendimiento ya que, como dijo Juan Antonio Corbalán en su conferencia dada en Granada:

Un deportista no solo rinde por ser el mejor o el que más entrena, sino también porque tiene un equilibrio con su alimentación, hidratación y momentos de descanso

La cerveza, buena para todos

Cartel Beer Runner BarcelonaComo podéis comprobar los beneficios de la cerveza van más allá de su poder de hidratación y sus propiedades antioxidantes; es la recompensa perfecta para deportistas amateur y de élite, y una forma estupenda de socializarse y crear buenos momentos.

La mejor forma de comprobar todo lo que os hemos contado es vivirlo en primera persona.

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¿Y por qué hidrata la cerveza?

Cerveceando

Que lo hace, todos lo sabemos: nada como una deliciosa cerveza para combatir el calor de una tarde de verano. Uno de los mejores regalos que nos podemos hacer, más aún si la compartimos con amigos. Precisamente, hoy nos hemos planteado una pregunta que podría surgir perfectamente en esas inolvidables tertulias… ¿Y por qué quita la sed la cerveza?

Aunque la primera respuesta que nos viene a la mente se refiera, casi con toda seguridad, a su temperatura de servicio (“porque está fría”), en realidad la clave de las propiedades hidratantes de la cerveza tenemos que buscarla en su composición. Dependiendo de su tipo, puede llegar a estar compuesta por hasta un 95% de agua. De ahí su poder hidratante, y también la razón por la que en España vinculamos su consumo no solo a las relaciones sociales, sino también al calor y al verano. Algo en lo que también influye, la temperatura habitual en la que solemos consumirla (entre los 8 y los 10 grados) y la presencia en la cerveza de una burbuja de pequeño tamaño, obtenida tras la producción de gas carbónico en el proceso de fermentación.

Todas estas razones explican lo bien que nos sentimos después de consumir una cerveza. No en vano, la Sociedad Española de Dietética de Ciencias de la Alimentación (SEDCA) incluye esta bebida en el Libro Blanco de la Hidratación, siempre y cuando se trate de un consumo realizado por adultos sanos y, por supuesto, con moderación.

Claro que, si la cerveza es una bebida que refresca, principalmente, por estar compuesta de agua, nos surge inmediatamente otra pregunta: ¿y por qué hidrata el agua? De nuevo, surge una respuesta rápida: porque somos un 60% de agua. En realidad, para contestarla deberíamos ponernos un poco más científicos, repasando las funciones esenciales que cumple el agua en el organismo humano y que podéis encontrar, por ejemplo, en el estudio “La hidratación en los mayores. La cerveza como bebida hidratante” . Algunas de ellas: facilita el transporte de nutrientes al interior de las células, permite el desarrollo y metabolismo de las mismas, realiza un papel esencial en la termorregulación, permitiendo el mantenimiento de la temperatura corporal y además, permite una lubricación adecuada de las articulaciones y otros tejidos.

Por supuesto, el agua que necesitamos para disfrutar de una correcta hidratación depende de muchas variables: edad, sexo, actividad o ejercicio desarrollado, los alimentos que ingerimos, ya que también son una fuente de hidratación, etc. Al fin y al cabo, se trata de hacer caso a nuestro organismo: la sed no es más que un mecanismo fisiológico por el que el cuerpo regula la cantidad de agua que necesita consumir. Eso sí, cómo calmarla ya es elección nuestra: “Existen factores, como el color, sabor, olor y temperatura de una bebida, muy influidos por preferencias culturales y sociales que contribuyen a la ingestión voluntaria de una bebida”, comenta Jesús Román Martínez, Presidente del Comité Científico de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA)

Así pues, cuando (insistimos: siempre con moderación) disfrutamos de una cerveza también podríamos estar contribuyendo a nuestra salud porque, además de ser una bebida de bajo contenido alcohólico, su composición aporta nutrientes a nuestro organismo (minerales y vitaminas del grupo B, principalmente) y sustancias antioxidantes. Además, con un bajo contenido calórico (cien mililitros de cerveza apenas aportan 45 calorías, 17 en el caso de la cerveza sin alcohol), lo que demostraría que el término ‘barriga cervecera’ es tan solo un mito.

Basta de “teoría cervecera” por hoy. Ahora, pasemos a la práctica, disfrutándola de forma responsable y en la mejor compañía. ¡Salud!

Cómo cargarse una cerveza (III): “Fría no, ¡helada!”

Cerveza congelada

Digámoslo fríamente: la temperatura inadecuada es una de las formas más extendidas de malograr una experiencia cervecera.

En el capítulo anterior nos quedó claro que un verdadero amante de la cerveza querrá la suya con una cantidad adecuada de espuma.

Pues bien, un verdadero amante de la cerveza debería querer tomarla con una temperatura adecuada, no congelada.

Sí, todos sabemos que en España hace un calor tremendo en verano. Y que después de dos horas tomando el sol, cuando uno va al chiringuito lo que le pide al cuerpo es una cerveza lo más fría posible. Pero sin pasarse.

Porque una cerveza, cuando pasa de estar fría a casi congelada, ha perdido toda la gracia; por debajo de los 5ºC, la cerveza esconde su sabor, de manera que nos va a ser muy difícil distinguir sus valores y matices. Además, la cerveza a esas temperaturas tan extremas tampoco genera espuma, y ya sabemos lo importante que es para mantener todas sus cualidades.

Sí, está claro que la cerveza es una de las bebidas más apetecibles cuando tenemos sed y que es una excelente fuente de hidratación pero tomarla como si fuera un refresco más, pensamos que de alguna manera nos quita la posibilidad de disfrutar saboreándola.

cervezaheladaAdemás, cuando decimos que el frío excesivo disimula todos los sabores de la cerveza también hablamos del alcohol. El primer paso para beber con responsabilidad es ser consciente de lo que estás bebiendo. (No olvides que la cerveza SIN siempre es una opción).

Otra costumbre que desaconsejamos es la de pedir la cerveza en una copa o jarra que haya sido previamente metida en el congelador. En este caso, además de matar la espuma y el sabor del líquido, se genera un efecto colateral bastante desagradable. Ocurre mucho, sobre todo si se trata de una jarra cilíndrica: por efecto del frío se forma en la base un disco de hielo-cerveza que, transcurridos unos minutos, se despega y sube hasta la superficie llegando a dificultar el acceso a la bebida. Llegados a este punto, lo que estamos bebiendo no se parece en nada a lo que tenía en la cabeza el maestro cervecero cuando la elaboró.

Si os atrae la cerveza congelada, probad esta receta de helado de cerveza pero a la hora de beberla, es preferible refrescar el vaso con agua y asegurarnos de que el líquido ya sale frío del grifo o de la botella.

Entonces, ¿Cuál es la temperatura ideal para una cerveza?

Cuando hablamos de cervezas ligeras rubias, las que se suelen tomar en verano, una temperatura adecuada estaría en torno a los 6º-4º; lo bastante fría para refrescarnos, pero sin adormecernos las papilas gustativas. Una buena forma de asegurar la cerveza fría es optar por formatos pequeños, como la caña de toda la vida, en lugar de grandes volúmenes que inevitablemente se acabarán calentando, sobre todo en verano.

Luego están las cervezas de mayor cuerpo, más oscuras y aromáticas, que se recomiendan a una temperatura entre 8º y 14º. Aquí hay encontramos otro error grave, y es que a veces se sirven a temperatura ambiente.

Se parte de la base de que en los países nórdicos se consumen así; el error es no tener en cuenta en que no es lo mismo Oslo que Almería. Porque esta temperatura, llamada “de sótano” o “de bodega” es la que encontraríamos en un país como Alemania o Inglaterra: raramente sobrepasaría los 10º 12º, muy por debajo de la temperatura media de nuestro país. Más de una buena experiencia cervecera se ha malogrado por esta mala interpretación.

En Alemania no toman la cerveza caliente, a menos que se quieran, como en el caso del Stacheldbier que consiste en introducir un hierro al rojo en el vaso con el objetivo de caramelizar los azúcares ¡¿?!

En definitiva, la cerveza se disfruta en un rango de temperatura que va desde fresca a muy fría. Ni helada ni caliente. Y lo demás va en gustos.

¡Hasta la próxima!